lunes, 21 de febrero de 2011

Cambio Económico o Cambio Climático

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Otro trabajo de nuestro colega Carlos Merenson, en este caso un texto original para “Ecopolítica”.

El autor, Carlos Merenson, es Ingeniero Forestal, Académico de Número de la Academia Argentina de Ciencias del Ambiente, ex Secretario de Ambiente de la Nación

 

 

Con el objeto de dar respuesta a la crisis financiera que estalló en 2007, el G20 acordó celebrar una serie de Cumbres de Jefes de Estado o Gobierno. La primera de estas Cumbres se celebró en noviembre de 2008 en Washington DC. En la declaración surgida de la reunión se incluyó un párrafo por el que los líderes del G20 se comprometieron a afrontar otros retos de naturaleza crítica, como son la seguridad energética y el cambio climático.

En Septiembre de 2009, al concluir su tercera Cumbre celebrada en Pittsburgh, la declaración señaló: No escatimaremos esfuerzos para llegar a un acuerdo en Copenhague a través de las negociaciones de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático. Tres meses después, en Diciembre de 2009, se celebró en Copenhague la décimo quinta Conferencia de las Partes de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático, sin poder alcanzar los acuerdos indispensables para evitar las interferencias antropógenas peligrosas en el sistema climático mundial. En junio de 2010, al finalizar la cuarta Cumbre del G20 celebrada en Toronto, y con el fracaso de Copenhague a cuestas, se incluyó el siguiente párrafo:

Reiteramos nuestro compromiso con una recuperación “verde” y con un crecimiento global sostenible. Aquellos de nosotros que se han asociado al Acuerdo de Copenhague reafirmamos nuestro apoyo a dicho Acuerdo y a su implementación y llamamos a otros a que se asocien…estamos decididos a asegurar un resultado exitoso a través de un proceso inclusivo en las Conferencias de Cancún.

Como es de público conocimiento, en Cancún sólo se alcanzaron acuerdos secundarios sin poder dar una respuesta concreta y contundente a este desafío crítico que nos plantea el proceso de cambio climático global.

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Nos hemos ido acostumbrando tanto a las noticias que informan de los magros resultados o el fracaso de las negociaciones que año a año se desarrollan en las Conferencias de las Partes de la Convención como así también de los incrementos de las emisiones antropogénicas de gases efecto invernáculo. Desde 1990, año establecido como base para las reducciones de emisiones del Protocolo de Kioto, la concentración atmosférica de CO2 creció a una tasa anual de 1,5 ppm (partes por millón) alcanzando, a finales de 2009, una concentración de 387 ppm, la más alta en los últimos 2 millones de años, aproximándose a paso firme a los umbrales críticos, tras los cuales se pueden esperar efectos climáticos graves e irreversibles[1].

El continuo ritmo de crecimiento de las emisiones contrasta con los objetivos de reducción establecidos luego de las arduas negociaciones desarrolladas en la Convención y su Protocolo de Kioto. Hoy esas negociaciones se encuentran empantanadas. Muchas son las causas que se pueden citar, pero existen dos hechos que no deben pasar inadvertidos a la hora de los balances.

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En primer lugar, cada día resulta mayor el abismo abierto entre la disminución de las emisiones necesaria para mitigar el cambio climático global definida por los científicos[2] y la disminución de las emisiones que los políticos consideran factible de alcanzar. En segundo lugar, el pensamiento económico dominante, que no puede inspirar la adopción de medidas que posibiliten mitigar el cambio climático y menos aún inspirar el urgente y necesario cambio de rumbo hacia un curso de sostenibilidad. Valen aquí mas que nunca las palabras de Albert Einstein: los problemas no se pueden resolver dentro del marco mental que los originó.

No será nada fácil entonces revertir estas tendencias que apuntan en sentido contrario al indicado por los científicos, menos aún cuando tal como lo postula la Convención, las reducciones deberán alcanzarse en un plazo suficiente para permitir que los ecosistemas se adapten naturalmente al cambio climático, asegurar que la producción de alimentos no se vea amenazada y permitir que el desarrollo económico prosiga de manera sostenible.

Las decisiones políticas y económicas que conducen al aumento de las emisiones obedecen fundamentalmente a nuestra actual incapacidad para desconectar el crecimiento económico de las emisiones de carbono. Las curvas de crecimiento en las emisiones mundiales de CO2 y del PBI sugieren que a cada incremento en el PBI corresponde un registro paralelo de mayor uso de energías fósiles y emisiones de CO2.

The record of long-term global economic growth, 1870-2004
Fuente: Maddison, Historical Statistics for the World Economy, 1-2003 AD.

Carbon dioxide emissions from fossil fuel burning, 1850-2004
Fuente: Carbon Dioxide Information Analysis Center (CDIAC),

Gráficos tomados de “Ecological macroeconomics: Consumption, investment, and climate change”, Jonathan M. Harris (Tufts University. USA) - Real-World Economics Review - Issue no. 50, 8 September 2009

Con el objeto de establecer el grado de correlación existente entre ambas series de datos (PBI y emisiones), el autor ha obtenido un valor de “r” igual a 0,98 para el periodo 1870-2008.

Elaboración propia

Una forma pragmática de visualizar el proceso y las causas que definen el aumento de las emisiones antropogénicas de gases efecto invernáculo la provee la ecuación desarrollada por el economista energético Yoichi Kaya, quien relaciona los factores que determinan el nivel de impacto humano sobre el clima en la forma de emisiones de dióxido de carbono. Kaya postula que son cuatro los factores que definen la cuantía de tales emisiones: la “intensidad de carbono de la energía” (emisiones de carbono por unidad de energía consumida); la “intensidad energética de la economía” (consumo de energía por unidad de PIB); el PIB per cápita y la población.

Mientras que las negociaciones en la Convención giran sobre las formas de disminuir la intensidad de carbono modificando las fuentes energéticas y sobre las formas de disminuir la intensidad energética de la economía aumentando la eficiencia en su uso, poco es lo que se dice, y nada lo que se negocia sobre la evolución del PIB/cápita y el crecimiento exponencial de la población. Ambos factores resultan preponderantes y definitorios de la cuantía de las emisiones de CO2. Si aplicamos la ecuación de Kaya a los mejores pronósticos de reducción de intensidad de carbono y energética que se pueden esperar para los próximos 25 años e incorporamos las tendencias de crecimiento del PBI/cápita y de población, el resultado final sería que en 2035 las emisiones globales de CO2 se incrementarían en más del 40% respecto de 2007, tal como lo ha calculado Mariano Marzo, catedrático de recursos energéticos de la Universidad de Barcelona.

imageCabe preguntarse entonces si el necesario freno a las emisiones de gases efecto invernáculo se podrá alcanzar dentro de las negociaciones que se desarrollan a nivel internacional en la Convención, o si en realidad ellas solo podrán llegar como fruto de un debate mas amplio en el campo de la economía. Un debate en el que se analice en profundidad el paradigma dominante en las relaciones sociedad-naturaleza; que cuestione el actual modelo de desarrollo y se proponga un cambio copernicano en el sentido y dirección de nuestras actuales creencias económicas, entre las cuales, el crecimiento sin límites de la economía ocupa un lugar central.

Creo oportuno recordar las ideas del economista y matemático rumano Nicholas Georgescu-Roegen[3], quien sostuvo que el pensamiento económico occidental se basa en una concepción mecanicista que conduce a expectativas de crecimiento ilimitado, generando inevitablemente crisis ecológicas, sociales y políticas. Un buen ejemplo de esto último es el cambio climático, en tanto los actuales patrones de producción, consumo y crecimiento económico, han dependido y dependen de un mayor uso de energía de combustibles fósiles. Ellos no podrán desvincularse hasta que no logremos redefinir el concepto mismo de crecimiento, cuestionando uno de sus núcleos macroeconómicos básicos, como es la hipótesis de un crecimiento continuo y exponencial en el PBI.

Aquí tampoco los cambios serán una tarea simple. El crecimiento ilimitado de la economía, el Santo Grial en el que descansan las concepciones económicas neoclásicas ha generado una compleja red ideológica en la que el consumismo ocupa un lugar central. Para comprender la importancia que el consumismo tiene en la vida moderna, basta con recordar el pensamiento del analista de mercado Víctor Lebow, quien un poco después de la Segunda Guerra Mundial, cuando EE.UU. necesitaba hacer crecer la economía, formuló la solución que se convirtió en la regla para todo el sistema:

Nuestra economía, enormemente productiva, requiere que hagamos del consumo nuestra forma de vida, que convirtamos en rituales la compra y el uso de bienes, que busquemos nuestra satisfacción espiritual, la satisfacción de nuestro ego, en el consumo. Necesitamos que las cosas se consuman, quemen, reemplacen y desechen a un ritmo cada vez más acelerado.[4]

La exacerbación del consumo trajo como consecuencia patrones de producción basados en el concepto de “obsolescencia programada” y en refuerzo, la publicidad aportó a la “obsolescencia percibida”, motorizando ambas el consumo desmedido y el despilfarro, como medios para garantizar un ilusorio crecimiento económico ilimitado. image

En la década de 1970, frente al crecimiento de una corriente de opinión contraria a las ideas que postulaban un crecimiento económico infinito, surgieron los intentos por demostrar que ello era posible. Ejemplos paradigmáticos son los trabajos de Solow, Stiglitz y Hartwick que intentaron establecer las condiciones necesarias para alcanzar un indefinido crecimiento económico pese a las limitaciones impuestas por la finitud de los recursos naturales, uno de cuyos pilares se centró en considerar que el capital económico podía sustituir al capital natural y que las bondades del cambio tecnológico hacen posible pensar en una explotación sin límites de los recursos naturales.

A la función de producción empleada por los modelos neoclásicos de crecimiento económico, que normalmente consideraban dos factores: el stock de capital económico y la oferta de trabajo, Solow y Stiglitz agregaron el flujo de recursos usados en la producción y demostraron matemáticamente que ese flujo puede ser tan pequeña como se desea, siempre que el capital económico sea suficientemente grande, como prueba de la existencia de sustitución entre el capital económico y el natural.

Estas especulaciones teóricas, propias de economistas que sólo consideran aquello que está dentro de su cerrado e inflexible modelo matemático, que normalmente tiene escasa o nula relación con lo que acontece en el mundo real, se estrellaron con la lapidaria crítica formulada por Georgescu-Roegen:

Solow y Stiglitz no habrían llevado a cabo su truco de magia (el incorporar en la función de producción el flujo de recursos naturales) si hubiesen tenido en cuenta, primero, que todo proceso material consiste en la transformación de unas materias en otras (los elementos de flujo) por parte de unos agentes (los elementos de fondo), y, segundo, que los recursos naturales se ven muy socavados en el proceso económico. No son como cualquier otro factor de producción. Una variación en el capital o el trabajo únicamente puede reducir la cantidad de desechos en la producción de una mercancía: ningún agente puede crear la materia con la que trabaja, ni el capital puede crear la sustancia de la que está hecho.[5]

¿El capital artificial y el natural son mutuamente sustituibles, o son fundamentalmente complementarios y sólo marginalmente substituibles entre si? ¿El mundo natural finito puede admitir un infinito crecimientos de nuestra economía?

Para los ecólogos no es un secreto que la naturaleza confía en los equilibrios. Los ciclos del agua, del carbono o del nitrógeno resultan claros ejemplos de los delicados y complejos equilibrios de la vida. La regeneración natural de los ecosistemas boscosos o de los humedales son otras expresiones de esos equilibrios. Si existen equilibrios, necesariamente deben existir “límites” y una economía de crecimiento ilimitado contradice entonces esta tendencia natural, con lo cual las crecientes crisis ambientales y económicas en gran medida son síntomas de la descoordinación existentes entre ambos mundos. image

La Huella Ecológica[6], indicador propuesto, entre otros, por Mathis Wackernagel, resulta una buena ilustración de lo que implica el absurdo de concebir un crecimiento infinito en un mundo finito. Al asociar la Huella Ecológica con el concepto de Biocapacidad[7] surge que, desde la década de 1980, la humanidad se ha colocado en una situación de sobregiro del capital natural, un sobregiro ecológico por el cual la demanda anual excede los recursos que puede regenerar la tierra cada año. Este sobregiro lleva al agotamiento del capital natural y al aumento en la generación de residuos, que no puede remediarse con la clásica fórmula económica de la sustitución entre diferentes formas de capital, ya que no existe una importación de recursos para el planeta. Un buen ejemplo lo proporciona Herman Daly cuando al analizar los problemas de las funciones de producción que ignoran el capital natural, menciona que: El hecho de tener dos o tres veces más sierras y martillos no nos permite construir una casa con la mitad de madera[8].

En el negocio, como de costumbre, limitar las emisiones de carbono lleva directamente a la caída del crecimiento económico, con secuelas de recesión y desempleo, agudizando el estancamiento del mundo en desarrollo, de allí que difícilmente se pueda esperar que negociando en el estrecho margen de una convención sobre cambio climático se logre alcanzar el objetivo propuesto de estabilizar las concentraciones de gases efecto invernáculo en la atmósfera.

La solución solo puede llegar como resultado, en el lado de la oferta, de cambios en materia de eficiencia energética y fuentes de energía renovables, y en el lado de la demanda, estabilizando la población y modificando los patrones de consumo, que debería reorientarse de los bienes a los servicios del capital humano, entre otros: la educación, la salud y la recreación. En tal escenario, los países desarrollados tienen que moderar sus niveles de consumo y, los países en desarrollo, tienen que alcanzar los promedios globales. De esta forma, el crecimiento económico debería redefinirse en el concepto de “progreso económico”, orientado hacia la vida social y cultural mejoradas.

Tal como lo sostiene Jonathan M. Harris (Tufts University. USA) en “Ecological macroeconomics: Consumption, investment, and climate change”, tenemos que preguntarnos si: ¿Podrá la teoría económica estándar adaptarse a estos cambios? ¿Podrá alcanzarse el objetivo de reducir drásticamente las emisiones de carbono sin imageagravar el desempleo, aumentar los conflictos entre los "ricos" y pobres ", o reducir el bienestar? Las respuestas a estas preguntas dependerá en parte del potencial tecnológico, en parte de la voluntad social para modificar las metas de consumo, pero también de manera significativa del enfoque que adoptemos para la teoría macroeconómica.

La opción, entonces, es clara: nos empeñamos como hasta ahora en negociar cuotas de reducción de emisiones mientras vemos como siguen aumentando sus concentraciones atmosféricas, o nos empeñamos en cambiar el rumbo de la economía, enfrentamos seriamente la amenaza del cambio climático y nos ponemos en la senda de un desarrollo sostenible.

 

[1] En 2008 se ralentizó el ritmo de las emisiones de carbono, pero ellas igualmente subieron un 1,7% respecto del año anterior. Su evolución en las cuatro últimas décadas marca un crecimiento, desde las 16,3 Gigatoneladas (Gt)de CO2 de 1970, pasando por las 22,3 GtCO2 de 1990 hasta alcanzar las 31,6 GtCO2 de 2008, este último es un valor que supone un incremento del 41% sobre 1990, año base del protocolo de Kioto, muy alejado de su objetivo de reducción, de un 5,2% sobre los niveles de 1990 que se debía alcanzar durante el primer periodo de compromiso (2008-2012).

[2] En su Cuarto Informe (Climate Change 2007: Synthesis Report, Contribution of Working Groups I, II and III to the Fourth Assessment Report of the Intergovernmental Panel on Climate Change. Cambridge, United Kingdom and New York, NY, USA: Cambridge University Press. Also available at http://www.ipcc.ch/) el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) postuló que para evitar una interferencia antropógena peligrosa en el sistema climático mundial era necesario alcanzar una reducción de las emisiones de dióxido de carbono del orden de un 50 a un 85% para 2050.

[3] GEORGESCU-ROEGEN, Nicholas (1996): La Ley de la Entropía y el proceso económico, Madrid, Fundación Argentaria.

[4] Lebow, Victor; “Price Competition in 1955”; Journal of Retailing, Vol. XXXI no. 1, pg 5, Spring 1955

[5] Georgescu-Roegen, N. 1979 “Comments on the Papers by Daly and Stiglitz”. En V. Kerry Smith, eds., Scarcity and Growth Reconsidered. Baltimore: RfFand Johns Hopkins University Press.

[6] Huella Ecológica («Ecological Footprint»): Medida de cuánta tierra y agua biológicamente productivas requiere un individuo, población o actividad para producir todos los recursos que consume y para absorber los desechos que generan utilizando tecnología y prácticas de manejo de recursos prevalentes. Usualmente se mide la Huella Ecológica en hectáreas globales. Dado que el comercio es global, la Huella de un individuo o un país incluye tierra o mar de todo el planeta.

[7] Biocapacidad o Capacidad biológica («biocapacity or biological capacity»): La capacidad de los ecosistemas de producir materiales biológicos útiles y absorber los materiales de desecho generados por los seres humanos, usando esquemas de administración y tecnologías de extracción actuales. “Materiales biológicos útiles” se definen como aquellos usados por la economía humana, mientras lo que se considera “útil” puede cambiar de año a año (e.g. el uso de hojas de maíz para la producción de etanol podría resultar en las hojas de maíz convirtiéndose en un material útil, y así incrementar la biocapacidad de la tierra de cultivo de maíz). La biocapacidad de un área se calcula multiplicando el área física actual por el factor de rendimiento y el factor de equivalencia apropiado. La biocapacidad generalmente se expresa en hectáreas globales como unidad.

[8] “Criterios operativos para el desarrollo sostenible” Un texto de Herman Daly Traducción de Gustau Muñoz http://www.eumed.net/cursecon/textos/Daly-criterios.htm#6

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jueves, 17 de febrero de 2011

La tasa “Robin Hood”

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FTT/Impuesto Robin Hood

Día Mundial de Acción

17 de febrero de 2011

Campaña para un Tasa a las Transacciones Financieras

En vísperas de la reunión de los Ministros de Economía del G20 en Francia, las distintas imagecoaliciones del Llamado Mundial a la Acción contra la Pobreza (GCAP) de todo el mundo, decidimos pronunciarnos el 17 de febrero como Día de Acción Global a favor de la Tasa a las Transacciones Financieras (TTF).

Desde la crisis financiera y económica mundial de 2008, la urgencia por reformar la arquitectura financiera mundial y el sistema neoliberal ha cobrado aún mayor impulso, por lo que han emergido algunas oportunidades para avanzar en una nueva agenda de desarrollo.

En este sentido, desde FOCO, como punto focal en Buenos Aires del GCAP, participamos activamente de los llamados para la reforma del sistema financiero mundial, pidiendo mayor transparencia y rendición de cuentas por parte de las instituciones financieras internacionales. En esta ocasión nos pronunciamos a favor de la Tasa a las Transacciones Financieras, también conocida como tasa “Robin Hood”, que ha ido cobrando progresivamente cada vez más fuerza, particularmente desde que el gobierno francés apoya la medida, impulsando su inclusión en la agenda de la próxima cumbre del G20.image

Desde el GCAP entendemos que la TTF, en momentos en que el déficit fiscal está amenazando los fondos disponibles para la cooperación internacional, podría aportar algunos de los fondos necesarios para avanzar en la reducción de la pobreza, el logro de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, y hacer frente a los efectos del cambio climático en los países de más bajos ingresos.

Sin bien entendemos que la TTF no constituye la solución auténtica y definitiva que los problemas de pobreza y desigualdad mundiales necesitan, reconocemos que su entrada en vigencia constituiría una respuesta crítica que permitiría elevar los ingresos para financiar algunos aspectos de la agenda de desarrollo mundial.

Por estos motivos y como parte de estas acciones, desde FOCO hclip_image002emos enviado una carta a la presidenta de la Nación, Cristina Fernández de Kirchner y oportunamente enviaremos comunicaciones similares a todos los presidentes de bloque en el Congreso para pedir su pronunciamiento al respecto. En esta oportunidad nos hemos dirigido a las Embajadas de Alemania, el Reino Unido y Francia, manifestándoles nuestro apoyo a la medida, solicitando a los respectivos gobiernos, que acompañen la iniciativa francesa. El hecho de que este año Francia sea el anfitrión de las cumbres del G-8 y G-20, convierte a esta coyuntura en más que favorable para impulsar la TTF.

A partir de estos antecedentes, convocamos a todas las organizaciones sociales y políticas a acompañar esta medida pronunciándose a favor de la misma, para contribuir a la construcción de un orden internacional más justo, al servicio de los pueblos y no de las instituciones financieras.

FOCO - Foro Ciudadano de Participación
por la Justicia y los Derechos Humanos -
Castillo 460 C.P. 1414
+ 54 11 4772 - 8922
foco@inpade.org.ar
www.inpade.org.ar

 

 

La Tasa Robin Hood – OXFAM

En todo el mundo, una idea que va ganando terreno: la de un impuesto aplicado a las transacciones que realizan las entidades financieras entre sí , que podría generar miles de millones de euros para combatir la pobreza dentro y fuera de Europa, y hacer frente a los efectos adversos del cambio climático.

Este impuesto ha recibido diferentes nombres según el país - "The Robin Hood Tax" en el Reino Unido, "Steuer gegen Armut" o "impuesto contra la pobreza" en Alemania, "Zerozerocinque" en Italia o "Tasa Robin Hood" en España - pero siempre siguiendo la misma idea: Una pequeña tasa que significará poco para las instituciones financieras pero un gran cambio para el resto del mundo.

¿Qué pedimos exactamente?

Que se aplique un impuesto del 0,05% a las transacciones financieras internacionales. Esta tasa permitiría recaudar 300.000 millones de euros anuales adicionales para combatir la pobreza, aquí y en todo el mundo. Robin Hood, el justiciero legendario, la apoyaría sin dudarlo.

¿Quién reclama este pequeño impuesto?
  • Líderes mundiales: Sarkozy y Angela Merkel, además de Zapatero, han mostrado su voluntad de defenderlo en los foros internacionales. Destacadas voces como Nancy Pelosi (portavoz del Senado de EEUU), el ex presidente de Brasil Lula y más de 350 economistas de prestigio internacional como Stiglitz, Krugman o Sachs, así como George Soros han firmado posiciones públicas a favor.
  • La sociedad civil: cientos de organizaciones de los cinco continentes estamos ya coordinándonos para lanzar un mensaje fuerte y unido: esta es una oportunidad única que no podemos dejar pasar. Ha llegado el momento de hacer que la Tasa Robin Hood sea una realidad. El G20 que este año se celebra en Francia debe lograr el consenso político que hasta ahora ha sido imposible de alcanzar.
Una tasa diminuta?

Según las estimaciones, un impuesto de alrededor del 0,05% solo en las transacciones financieras podría generar entre 150.000 y 520.000 millones de euros en todo el mundo. Activistas de Francia, Reino Unido, Alemania y otros países sugieren que los ingresos se destinen a:

  • Mejorar los servicios publicos y ayudar a los más tocados por la crisis económica actual
  • Reducir la pobreza en el mundo
  • Ayudar a los países más pobres poor countries to adapt to climate change.

En otras palabras, este impuesto podría ayudar a resolver la mayoría de los grandes problemas de nuestro mundo, sin que le cueste nada a los ciudadanos de a pie.

sábado, 12 de febrero de 2011

Movilidad Sostenible

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El Sábado 5 de febrero hicimos nuestro segundo seminario, esta vez sobre “Transporte y Movilidad Sostenible”.

Como en la anterior oportunidad el seminario fue organizado por el Foro de Ecología Política (FEP), la Fundación Ecologista Verde y la Fundación Böll.

Con esta serie de reuniones, un conjunto de activistas de distintos orígenes y organizaciones estamos definiendo cuáles serían las bases programáticas para un movimiento verde en la Argentina.

iniciativa verde_008 (3)El trabajo del FEP comenzó a trabajar en el año 2001 y su primer manifiesto es de agosto de 2002. Allí se dice que: “El Foro de Ecología Política es una organización cuyo objetivo es el análisis, diseño e implementación de propuestas que promuevan participativamente la construcción de una sociedad sustentable”.

También destacamos en el documento fundacional que : “La construcción de una sociedad ecológica implica poner en marcha una multiplicidad de prácticas y principios que están básicamente protagonizados por los nuevos movimientos sociales vinculados a la protección del ambiente, los derechos humanos, la defensa de la paz y los movimientos solidarios que luchan por un mundo con equidad. Esta multiplicidad de iniciativas está contribuyendo a generar los cimientos de esa sociedad. La Ecología Política procura sistematizar las prácticas y principios presentes en esos movimientos sociales”.iniciativa verde_024 (6)

Los textos sobre los cuales se está trabajando serán dados a conocer a finales de febrero para que puedan ser sometidos a la evaluación de la ciudadanía y distintos actores sociales y políticos.

Estas actividades se extenderán hasta mediados de marzo con temas de “Seguridad/Derechos Humanos” y “Pobreza/Desarrollo Social”. Al mismo tiempo, otros equipos van desarrollando los temas que completan la agenda en discusión.

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Entre los asistentes, contamos con la presencia de uno de los activistas de “masa crítica”, uno de los movimientos más recientes y poderosos en relación a la bicicleta y la puesta en discusión del actual modelo de transporte dominante en nuestras ciudades. Como es un movimiento digno de conocerse, una movida renovadora y fresca queremos compartir los principios con los que ellos se presentan en su página web:

 

- ¿Qué es Masa Crítica?
MASA CRITICA no es una organización. Es una coincidencia no organizada, es un movimiento de bicicletas en las calles, un paseo mensual para celebrar el ciclismo y para afirmar los derechos del ciclista en las calles. Es una idea y un evento. Es grátis. No es una carrera. Es sólo por diversión.
Sucede cuando muchos ciclistas se reunen en el mismo lugar, a la misma hora y deciden pedalear juntos el mismo recorrido por un rato.iniciativa verde_042 (10)
A menudo los participantes disfrutan mucho este paseo y deciden encontrarse nuevamente en el mismo lugar y a la misma hora el mes siguiente e invitar a sus amigos ciclistas a compartir el siguiente paseo.

- La historia detrás del nombre
El nombre "Masa Crítica" se tomó del documental sobre ciclismo de Ted White del año 1992,
"Return of the Scorcher". En el film, George Bliss describe una típica escena en China, donde los ciclistas a menudo no pueden cruzar las calles por la cantidad de autos que circulan y la falta de semaforos. Lentamente, mas y mas ciclistas se amontonan esperando para cruzar la calle, y cuando hay un numero suficiente -- una "Masa Crítica", como Bliss la llamo -- moviendose todos juntos pueden avanzar sobre los autos y cruzar la calle.
Usa la bici todos los días, celebralo una vez al mes!
No bloqueamos el tráfico, Somos tráfico!


iniciativa verde_052 (15)- ¿Cómo surgió?
La ida comenzó en San Francisco (California) en septiembre de 1992 y, rápidamente, se difundió a otras ciudades alrededor del mundo. La idea fue bastante simple. Un día, un grupo de ciclistas se reunió en la ciudad para protestar de las condiciones del tráfico, causando un montón de problemas al tráfico motorizado. A la gente le gustó la experiencia y decidieron que se convirtiera en una costumbre. Así, desde entonces y una vez al mes, se reúnen en el mismo lugar a la misma hora. No hubo necesidad de organizar o dar publicidad, la cita quedó programada por sí sola. Tampoco fue necesario pedir permiso, ya que los encuentros eran espontáneos.

- ¿Por qué Masa Crítica?
Se llamó Masa Crítica porque cuando la gente se reúne con sus bicicletas, pueden llegar tomar el control de las calles de una ciudad si su número es suficientemente grande. En efecto, existe un número de gente, llamado masa crítica, a partir del cual es posible conseguir un efecto apreciable. De pronto, la relación de poder con los conductores de automóviles cambia: un/a ciclista puede ser atropellado/a, cinco pueden ser intimidados/as, pero cincuenta o cien ciclistas ¡reclaman la calle!.

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- ¿Dónde se reúne?
La Masa Crítica tiene diferente “aroma” de una ciudad a otra. Existe una gran variedad en tamaño, respeto a las leyes de tráfico (o falta de respeto), interacción con los conductores de automóviles e intervención de la policía. Por tanto, si quieres saber más sobre la Masa Crítica es necesario que indagues cómo es el paseo en tu ciudad.
No hay Masa Critica en tu ciudad? empezá una...

- ¿Qué objetivos persigue?
Cada uno tiene sus propias razones para unirse a la Masa Crítica. A algunos les gusta verla como una marcha por los derechos del ciclista, otros simplemente van para dar un paseo divertido en bicicleta. Después de ser amenazados/as cada día por los automóviles, algunos de nosotros encontramos gratificante pasear con otros/as 50-100 en una atmósfera divertida y de apoyo mutuo. La Masa crítica no tiene una agenda y objetivos específicos. Es simplemente un paseo en bicicleta.

- ¿Qué pasa en una Masa Crítica?
Cada una es diferente y no hay una ruta prefijada, la dirección puede cambiar espontaneamente de acuerdo al gusto de la gente que esta pedaleando. Cada uno es libre de unirse o dejar el paseo en cualquier momento. El paseo dura usualmente un par de horas (dependiendo del clima!) y generalmente termina en un lugar de interes de los participantes (el mismo punto de partida o un bar!). Casi siempre son divertidas, seguras y pacificas!
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- ¿Quién puede participar en una Masa Crítica?
Masa Crítica es absolutamente para cualquiera! Trasciende cualquier barrera de color, genero, clase, edad, tendencia política, profeción, experiencia, habilidad, pertenencia a un grupo, apariencia, religión o cultura. Todo esto significa que VOS serás bienvenido/a en la Masa Crítica.
Una cosa importante para recordar es que participando de la Masa Crítica NO tenes que adherirte a ninguna clase de política ideológica, ni grupo, ni nada. Sólo tenes que ser vos mismo/a. Dado que es un grupo no organizado la Masa Crítica atrae diferentes tipos de pensamientos e ideas. Podría decirse que es un evento apolítico, aunque mucha gente cree que hay política en todo, en el tradicional sentido de la palabra Masa Crítica definitivamente no es política!
Otro aspecto importante es que NO ES SOLO PARA CICLISTAS! Skates, rollers, silla de ruedas, de hecho cualquier medio de transporte no motorizado y ecológico será bienvenido!
En la Masa Crítica se espera que participe la mayor cantidad de gente posible, si te preocupa no encajar, compartí tus ideas en la
lista de discusión y fijate que pasa.

- ¿Quienes son los organizadores?image
Nadie organiza la MC, no es un evento que este bajo el control de alquien, sólo los participantes deciden el rumbo de cada paseo. Sin embargo, como en cualquier proyecto, algunos idividuos se involucran más que otros, por ejemplo imprimiendo y distribuyendo panfletos y otra publicidad. Pero ellos sólo hacen el trabajo y no tienen ninguna autoridad sobre los otros, su único poder es hacer sugerencias. La MC tendrá más éxito si todos participan y hacen de la MC el evento espontáneo que debe ser.

- ¿Cuál es el objetivo de la Masa Crítica?
La MC no tiene un sñolo objetivo, aunque un deseo común es tener cada vez más espacios para ciclistas y ver cada vez más gente pedaleando por las calles. En la MC hay tantos objetivos como participantes. Cada individuo llega con su propia idea, y la suma de estas ideas da forma a la MC.

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Algunos objetivos pueden ser:

  • Para mejorar la imagen del ciclismo en las ciudades
  • Para promover la seguridad de los ciclistas en las calles
  • Para la creación de más bicisendas en la ciudad
  • Para generar conciencia de los problemas de la contaminación
  • Por diversión
  • Encontrarse con amigos
  • Para que la gente entienda y se acostumbre a que los ciclistas son usuarios de las calles
  • Para demostrar que las bicisendas son necesarias
  • Para volver a ver a esa persona que conociste el mes pasado
  • Para hacer ejercicio
  • Para conocer nuevos amigos
  • Para mostrar tu nueva bicicleta
  • Para disfrutar pedalear seguro por calles y avenidas que usualmente son peligrosas
  • Para comprobar que hay cientos de ciclistas como vos
  • Para que otros ciclistas se animen a pedalear en la ciudad
  • Para encontrarse con amigos y tomar una cerveza mas tarde.

Algunos puntos suenan mas fuertes que otros, pero una combinación de los puntos anteriores y muchos otros pueden ser una buena razón para que cualquiera participe en MC.

- Algunas historias de aquí y de alláimage

Copenhaguen, Dinamarca
La capital danesa vio su primera Masa Crítica en el verano de 1996. El 15 de mayo, hubo una protesta numerosa contra el exceso de automóviles en la ciudad. Unos/as activistas ingleses, que estaban visitando la ciudad durante este tiempo, plantaron la semilla y la primera Masa Crítica se fijó para el 31 de mayo.

Berlín, Alemania
La Masa Crítica empezó en septiembre de 1997 con unos/as 20, bajando su número a unos 10 en octubre, noviembre y diciembre. Desde entonces fueron creciendo y, el 24 de abril de 1998 fueron 120.

Bergen, Noruega
La Masa Crítica en Bergen empezó en septiembre de 1995. El primer año salieron en bicicleta durante el invierno. El segundo año hicieron una pausa de tres meses para evitar la nieve. El número de ciclistas que acuden a la cita es variable. Su récord es de 75, pero normalmente son unos 30.

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martes, 8 de febrero de 2011

¿Qué pasará con el precio de los alimentos?

El aumento de precios de las commodities agrícolas: ¿bonanza económica o preludio de colapso?

Ing. Carlos Merenson[1]

Con un 3,4 por ciento de incremento respecto a diciembre de 2010, el índice de la FAO para los precios de los alimentos[2] correspondiente al mes de enero 2011 marca el nivel más alto (tanto a nivel real como nominal) desde que la FAO comenzó la medición de los precios alimentarios en 1990, continuando con la tendencia alcista de los siete últimos meses.

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http://www.fao.org/worldfoodsituation/foodpricesindex/es/

Estos siete meses consecutivos de aumentos del índice de los precios de los alimentos y la abrupta ruptura de la tendencia histórica que se produce a partir de 2007 -pese a la baja experimentada por la crisis financiera global- induce a pensar en un cambio en el comportamiento de los mercados mundiales de alimentos, que van abandonando el patrón estacional histórico que los regulaba y nos sugieren cambios en los modelos causales que impulsan las subas, invitándonos a reflexionar sobre las consecuencias que pueden traer aparejadas.

El exponencial crecimiento de la población mundial que agrega a la mesa unos 220.000 comensales cada día, el creciente consumo de proteínas animales a base de cereales en los países emergentes[3] y la irrupción de los biocombustibles[4], condujeron a una duplicación del consumo mundial de cereales que paso de un promedio de 21 millones de toneladas por año en 1990-2005 a 41 millones de toneladas por año en 2005-2010, consolidando una corriente alcista en los precios agrícolas que para muchos analistas augura “años dorados” para los países exportadores. No obstante ello, las fuertes alzas en los precios no solo obedecen al aumento en la demanda de alimentos. Algunas restricciones por el lado de la oferta , sobre las que pocos analistas suelen detenerse, han pasado a jugar un papel fundamental.

Factores como la creciente erosión y degradación de los suelos, el avance de la desertificación, la sobrexplotación y contaminación de acuíferos y de las aguas de los ríos, el aumento del consumo de agua en las grandes ciudades que compite con el consumo de agua para riego, la pérdida de tierras de cultivo por usos no agrícolas, las caídas de las cosechas por las mas frecuentes e intensas olas de calor, la reducción y encarecimiento de los insumos derivados del petróleo y la tendencia de desaceleración del crecimiento en los rendimientos de los cultivos[5] inciden fuertemente sobre la oferta de alimentos.

Han sido la expansión de la demanda y las restricciones para la oferta, las que condujeron en los últimos diez años a un déficit de 60 millones de toneladas en la relación entre producción y consumo[6] de granos. Una significativa caída si se considera que en la década de 1960 alcanzó un superávit de 78 millones de toneladas; que creció a 153 millones en la década de 1970; 167 millones en la de 1980 y 219 millones en la de 1990. Esta relación deficitaria llevó al stock mundial remanente de granos[7] ha promediar 79 días de consumo, muy por debajo de los 89 días promedio de las cuatro décadas anteriores.

Al enfrentarse con la abrupta elevación de los precios internacionales de las commodities agrícolas, los países agroexportadores, para evitar que esa suba se trasladara a sus mercados internos, reaccionaron restringiendo sus exportaciones, actitud que llevó a los países importadores a intentar cerrar compromisos de abastecimiento a mediano o largo plazo. Ante el fracaso de estas negociaciones, se lanzaron decididamente a una política de adquisición (alquiler o compra) de tierras en el extranjero, tal como lo están haciendo Arabia Saudita, Corea del Sur, China, Kuwait, Libia, India, Egipto, Jordania, los Emiratos Árabes Unidos y Qatar. De los datos disponibles[8] surge que la mayor parte de las operaciones de adquisición de grandes extensiones de tierra en el extranjero, se han desarrollado sin transparencia en las negociaciones, sin participación de las comunidades locales, no contemplando mecanismos para compartir beneficios, ni medidas que garanticen la sostenibilidad ambiental. En muchos casos se han ignorado los derechos existentes sobre las tierras objeto de negociación. Paradójicamente, la mayor parte de estas adquisiciones se están llevando a cabo en países africanos que en la actualidad dependen de los programas de ayuda alimentaria de las Naciones Unidas.

Esta “geopolítica de la seguridad alimentaria” lejos de resolver los problemas de fondo, los agrava y se ha transformando en una amenaza para la estabilidad política, económica y social a nivel global.

La ola de calor que se centró en Moscú a mediados de 2010[9], ocasionó una reducción del 40% en el volumen de su cosecha de cereales, lo cual llevó al gobierno Ruso a prohibir las exportaciones de granos, determinando que el precio mundial del trigo subiera un 60%. Pensemos que hubiera acontecido si en lugar de Moscú, la ola de calor se hubiera presentado en la zona cerealera de EE.UU., donde anualmente se producen 400 millones de toneladas. Una caída del 40% en la cosecha haría caer las existencias mundiales remanentes de cereales para 2011 a 52 días de consumo - el nivel más bajo de la historia - muy por debajo de los 62 días que llevaron a triplicar los precios mundiales de cereales en 2007-08. Fácil es imaginar que nos encaminaríamos a una situación de creciente inestabilidad social y política con un dramático aumento en el número de “Estados fallidos”[10] y el surgimiento de una crisis económica mundial de impredecibles consecuencias.

A manera de ejemplo, obsérvese lo que acontece en Egipto. De acuerdo a la información que es de público conocimiento, los grandes disturbios se originaron a partir del anuncio de Hosni Mubarak sobre la decisión de delegar en su hijo la sucesión presidencial. Sin embargo las causas profundas que se ocultan tras el descontento popular giran entorno a otros factores.

El aumento del consumo interno de petróleo y la disminución de su producción por caída de sus reservas, están llevado a Egipto no solo a disminuir sus saldos exportables sino, a muy corto plazo, a tener que transformarse en importador de petróleo. Por otro lado, Egipto importa el 40% de sus alimentos y el 60% de su trigo (es el mayor importador de Trigo a nivel mundial) razón por la cual los alimentos se encuentran fuertemente subsidiados por la renta petrolera. Cuando cayó la cosecha de trigo en Rusia como consecuencia de la ola antes mencionada, su precio internacional se disparó configurando un escenario en el que Egipto debía enfrentar la situación con una sensible baja de sus ingresos petroleros, fue entonces que el gobierno amenazó con reducir o eliminar los subsidios a los alimentos o en su defecto a la energía. En ese marco, el nepotismo presidencial solo fue el disparador de una situación que se tornaba insostenible[11].

La comunidad científica internacional viene advirtiendo que el aumento de las emisiones de gases efecto invernáculo eleva las temperaturas medias y ello conduce a la aparición de eventos climáticos extremos, como las olas de calor. No podemos entonces afirmar que lo acontecido en Rusia fuera simplemente un desastre natural. Se trata de una catástrofe preanunciada, una dramática advertencia sobre la suerte que nos espera si es que no actuamos decididamente para enfrentar los desafíos ambientales.

Joseph Tainter[12] sostiene que el colapso de las civilizaciones es consecuencia de la convergencia de múltiples elementos de tensión que las llevan a responder aumentando la complejidad de sus instituciones. Ese aumento de complejidad insume un gasto extremo de energía que en un punto llega a ser más costoso que beneficioso, impidiendo a la sociedad resolver las contingencias. Al analizar diferentes civilizaciones tempranas, Tainter identifica frecuentemente al aumento de la inseguridad alimentaria como una de las causas que finalmente las condujeron al colapso.

En la actualidad, el crecimiento de la población y de la pobreza, los insostenibles patrones de producción y consumo, la multiplicación de Estados fallidos, el cambio ambiental global, el cenit en la producción petrolera, la imprescindible y urgente transición energética hacia fuentes renovables y la crisis financiera internacional, están demandando instituciones y tecnologías cada día más complejas que parecen no estar solucionando los problemas. Es en este contexto que cabría reflexionar si los alimentos no se están transformando en el eslabón débil de nuestro civilización tal como lo fueron para muchas civilizaciones tempranas y si el actual aumento de precios de las commodities agrícolas, antes que beneficioso para las economías agroexpotadoras no debería ser analizado como un indicador de proximidad al colapso que amenaza nuestra compleja civilización global del siglo XXI.


[1] Ingeniero Forestal, Académico de Número de la Academia Argentina de Ciencias del Ambiente, ex Secretario de Ambiente de la Nación

[2] El índice de la FAO para los precios de los alimentos es una medida de la variación mensual de los precios internacionales de una canasta de productos alimenticios. Consiste en el promedio de los índices de precios de cinco grupos de productos básicos (que representan 55 cotizaciones), ponderado con las cuotas medias de exportación de cada uno de los grupos para 2002-2004.

[3] Mientras que en Estados Unidos y Canadá se consumen 800 kg de granos/persona/año, la mayor parte como carne vacuna, porcina, aves de corral, leche y huevos; en la India no se superan los 200 kg/persona/año, consumidos casi todo en forma directa, dejando poco para la conversión en proteínas animales. En India, China y Brasil, la tendencia es a un inmediato aumento en el consumo anual de granos. Se estima que a nivel mundial, unos 3 mil millones de personas desean ascender en la cadena alimentaria y comer más cereales y productos de la ganadería intensiva.

[4] El aumento del precio del petróleo ha hecho que sea rentable convertir grano en combustible. En los Estados Unidos, de las 416 millones de toneladas de cereales cosechados en 2009, 119 millones de toneladas fueron a destilerías de etanol para producir combustible para automóviles. Eso es suficiente para alimentar a 350 millones de personas durante un año. .

[5] Según datos del USDA, Production, Supply and Distribution, electronic database, at http://www.fas.usda.gov/psdonline , a nivel mundial, la productividad de los suelos agrícolas cayó de 2,1% al año entre 1950 y 1990, al 1,3% anual desde 1990 hasta 2008. Esta caída en gran medida se debe a que los rendimientos de los cultivos se encuentran próximos a los límites inherentes a la eficiencia fotosintética y de la productividad biológica de la tierra.

[6] Earth Policy Institute from U.S. Department of Agriculture, Production, Supply, & Distribution, electronic database, at www.fas.usda.gov/psdonline, updated 9 July 2010.

[7] La cantidad de cereales en depósito cuando se inicia la próxima cosecha se conocen como el stock mundial remanente de granos. Es una medida básica de la seguridad alimentaria.

[8] “Land Grabbing” by Foreign Investors in Developing Countries: Risks and Opportunities Joachim von Braun and Ruth Meinzen-Dick IFPRI Policy Brief 13 • April 2009

[9] A mediados de 2010, con 14 grados por encima de la temperatura normal, se hizo presente el calor más intenso en los últimos 130 años en Moscú, desatando un caos en el que se perdieron 56.000 vidas, acarreando costos económicos superiores a los U$S 300 mil millones.

[10] Los Estados fallan cuando los gobiernos nacionales pierden el control de una parte o la totalidad de su territorio y ya no pueden garantizar la seguridad personal de su pueblo. Cuando los gobiernos pierden su monopolio del poder, el imperio de la ley comienza a desintegrarse. Cuando ya no pueden prestar servicios básicos como la educación, la salud y la seguridad alimentaria, pierden su legitimidad. Un gobierno en esta posición ya no puede ser capaz de percibir los ingresos suficientes para financiar una gobernanza eficaz. La revista Foreign Policy mantiene un listado actualizado basado en 12 indicadores sociales, económicos, políticos y militares, en el que se identifican los Estados fallidos. En 2004, sólo existían 7 Estados con puntaje superior a 100, en 2005 esta cifra aumentó a 9 y para 2008 fueron 14 – duplicándose en solo cuatro años.

[11] En el artículo "¿Qué hay detrás de los problemas egipcios?", de Gail Tverberg, (Blog Our Finite World - Coeditora de The Oil Drum) se analiza en profundidad la situación y se identifican las causas subyacentes de la crisis .

[12] Tainter, Joseph A. (1990). The Collapse of Complex Societies (1st paperback ed.). Cambridge: Cambridge University Press. ISBN 0-521-38673-X.