jueves, 28 de abril de 2011

Las telefónicas saben más que el Gran Hermano

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Malte Spitz pronto estará en Buenos Aires visitándonos. Este artículo se publicó en Página/12 el pasado 19 de abril.

Juan Carlos Villalonga

 

 

El alemán Malte Spitz le pidió a Deutsche Telekom que le diera todos los datos que guardaban sobre su persona. Con ellos se hizo un impactante mapa interactivo donde se observan seis meses de la vida de Spitz.

Por Mariano Blejman

¿Quién tiene más información sobre la gente: los Estados nacionales o las compañías telefónicas? El militante del Partido Verde alemán Malte Spitz no se quedó con la duda: le pidió a la Justicia alemana que obligara a su compañía telefónica Deutsche Telekom a entregarle toda la información que tenían sobre Spitz. Luego de varios meses, la Justicia alemana aceptó la demanda y la empresa se vio en la obligación de entregarle una base de datos con todo lo que esta empresa había “retenido” sobre su vida. El resultado, sumado a la vida de Spitz en el mundo virtual, es un mapa perfecto de seis meses de vida del militante ecologista. Perfecto, sí. Desde el 31 de agosto de 2009 hasta el 28 de febrero de 2010, Deutsche Telekom registró y grabó su latitud y longitud más de 35 mil veces.

El primer registro comenzó en un viaje en tren hacia Erlangen hasta la última noche en su casa en Berlín. En el medio, como contó el Zeit Online, “el perfil digital permite saber cuándo Spitz cruza la calle, cuánto toma un tren, cuándo está en un avión, dónde estuvo en las ciudades que visitó, cuándo trabajó, cuándo durmió, cuándo mandó un mensaje de texto, a qué cervecerías fue”. La vida completa. Es evidente que las empresas tienen, entonces, más datos que los gobiernos sobre las personas. “La sensación que tuve cuando vi toda la información que tenían sobre mí fue aterradora”, dice a Página/12 Malte Spitz que estará en Buenos Aires en junio.

Pero mucho más aterrador es cuando se observa en el mapa creado por Lorenz Matzat, el editor del Open Data Blog del Zeit On Line, bajo el título “Tell-all telephone” (Un teléfono que cuenta todo). Un click en una aplicación que funciona sobre un trabajado mapa de Google permite ver paso a paso no sólo dónde estuvo Spitz cada segundo durante esos seis meses, sino también dónde estaba cuando escribió cada tweet, cada mensaje en redes sociales, cuántos mensajes de textos mandó, cuántas llamadas hizo, cuántas recibió y cuánto tiempo estuvo en Internet, entre otras cosas.

“Es importante para mí, para ver cómo funciona el sistema. Era un poco escéptico sobre la cantidad de datos que se guardaban. Pero los datos son sorprendentes. En Alemania tenemos 100 millones de teléfonos en una población 80 millones de personas. Las compañías telefónicas deberían pensar que guardar tanta información sobre los usuarios también puede ser un problema para ellas”, dice Spitz. “La gente no va a creerles”, dice.

El registro del movimiento de los teléfonos móviles es parte del funcionamiento normal de una red celular. Cada siete segundos aproximadamente, el teléfono celular determina cuál es la torre más cercana para conectarse y registra el ingreso y la salida de una llamada. El asunto es ¿por qué las compañías telefónicas guardan esa información?, ¿quién tiene acceso a esos datos?, ¿qué riesgo implica para los usuarios que una empresa tenga toda esta información? “Una compañía como T-Mobile tiene 30 millones de usuarios. Guardan cada registro de cada usuario y nadie sabe qué hacen con esa información, que queda en el mundo privado”, dice Spitz. En Estados Unidos, la Electronic Frontier Foundation intentó varias veces acceder a la información que guardan las operadoras, pero los “carriers” declinaron en dar esa información.

El asunto es que los Estados parecieran haber delegado el resguardo de la información privada en empresas privadas: bancos, compañías de vuelo, sistemas de tarjetas de crédito... “en todas estas empresas se deja tanta información guardada como sea posible guardar sin medirse las consecuencias”, dice Spitz. “Las compañías no tienen ninguna razón para guardar este tipo de información”, asegura Spitz. El mapa interactivo desarrollado por el Zeit On line junto con la información entregada por el militante es “prácticamente perfecto”, según el propio Spitz. Para darles un sentido a los datos entregados por Deutsche Telekom se cruzó esa información con la vida pública de Spitz. Lo “mejor” es que la telefónica no necesita instalar ningún tipo de cookie o sistema de tracking para saber qué hace un usuario. El sistema lo hace para poder funcionar.

El impacto que tuvo el caso en la prensa estadounidense, además, tiene que ver con el mapa que puso en su sitio el Zeit On line, de-sarrollado por el editor Lorenz Matzat y programado por Michael Kreil. La aplicación le da sentido a la idea de un trabajo de periodismo digital con muchos volúmenes de datos: “Convertir una noción abstracta de algo que todo el mundo conoce en algo visible. Cada posición tuya, cada conexión de tu teléfono está siendo registrada. Cada llamada, cada mensaje de texto, cada conexión de datos”, cuenta el editor Matzat en OnlineJournalismblog.com, donde cuenta paso a paso cómo se desarrolló la aplicación que tardó dos semanas en programar y ser puesta a disposición del público.

Según Spitz, “la Corte alemana dijo que guardar estos datos es inconstitucional. Pero en estos momentos hay un debate político en Alemania entre conservadores y socialdemócratas sobre los casos de retención de datos”. Mientras tanto, Spitz decidió realizar un viaje por América latina “porque hay fuerzas que quieren ir en la dirección de cortar las libertades individuales”. El militante político y social viene trabajando también los últimos años en incentivar la idea de “abrir los gobiernos” (open governments, en inglés) para mejorar la transparencia democrática digitalizando y haciendo públicos todos los actos de gobierno. Una forma, digamos, de devolverles el favor.

* El mapa para ver los seis meses de Malte Spitz pueden verse en http://www.zeit.de/datenschutz/malte-spitz-data-retention

miércoles, 27 de abril de 2011

Todos por los glaciares

image Los glaciares y el clima NO se venden

Barrick compra jueces y políticos pero

Los glaciares y el clima NO se venden

En distintas partes del mundo organizaciones ambientalistas y de la sociedad civil convocan al “Día mundial contra la Barrick gold” para denunciar los abusos de la empresa minera en sus actividades de exploración y explotación minera a cielo abierto.

En Argentina la multinacional canadiense es la dueña de los yacimientos de oro, plata y cobre como el de Veladero y Pascua Lama, ubicados a 5.000 m. de altura en la Cordillera de los Andes, en territorios de Chile y Argentina. Puede explotarlos merced al Tratado Minero de Implementación Conjunta que suscribieron ambas naciones en los 90.

En los últimos meses Barrick ha emprendido una cruzada particular contra la ley de glaciares recientemente aprobada al presentar medidas cautelares en San Juan arguyendo inconstitucionalidad. Su objetivo es explotar la zona periglacial y afectar así el suelo congelado que defiende la ley. Si se impusiera la acción de la Barrick el resultado seria escamotear el impacto que esta ejerciendo el cambio climático en estas zonas ricas en hielo. Ignorar los impactos de la minería  en estas aéreas quitaría toda credibilidad al reclamo que Argentina debe hacer por una política climática mundial que frene el calentamiento global, principal causa de la retracción glaciaria.

Ante el progresivo agotamiento de los yacimientos más ricos en el mundo entero la megaminería ha impuesto un sistema intensivo en energía que consiste en extraer los elementos dispersos en la roca en vez de concentrados en vetas. La Barrick y otras mega mineras consumen tanta energía que ha sido necesario tender una línea de alta tensión especial para atender su demanda en momentos en que el país caminaba hacia el estado de emergencia eléctrica. Por esta razón están en lote de las empresas responsables por mayores cantidades de emisiones de  GEI, causantes directos del cambio climático.

Con la minería a cielo abierto se debe literalmente triturar montañas y convertirlas en pilas inmensas de roca partida. Desde argentina los minerales concentrados son exportados a un mercado mundial cada vez más voraz.

En el territorio argentino las rocas residuales (estériles y relaves) son depositadas en lugares donde por millones de años estarán expuestas a procesos que liberan sustancias peligrosas amenazando todas las fuentes de agua. Esto ocurre en momentos en que la demanda hídrica aumenta y la provisión esta amenazada por el cambio climático, en especial en nuestras aéreas mineras.

Barrick Gold : en Argentina NO image

Es necesario revisar la concesión a Barrick y a toda la mega minería.

Es urgente la aplicación de la ley de protección de glaciares, las auditorias ambientales  y dejar sin efecto las medidas cautelares.

Necesitamos tu firma para frenar a la Barrick

TODOS POR LOS GLACIARES

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Amigos de la Tierra Argentina Programa Argentina Sustentable

TODOS POR LOS GLACIARES

Barrick Gold : en Argentina NO

27 de abril a las 18 hs en Plaza San Martín ( Santa Fé y Maipú, CABA) manifestación frente a  las oficinas de Barrick Gold.

Cecilia A. Vega
amigosdelatierra@amigos.org.ar
glaciares@amigos.org.ar

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jueves, 14 de abril de 2011

Aquella energía de ficción

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El accidente nuclear que enfrenta hoy Japón en los reactores de Fukushima constituye un hecho inédito para la industria nuclear y un nuevo episodio dramático que vive ese sector. 

Desde el 11 de marzo, cuando se produce el terremoto y el posterior tsunami, hasta el día de hoy no ha sido posible dominar la situación. Por el contrario no ha dejado de agravarse, al punto que hoy las propias autoridades lo califican en nivel 7, similar a Chernobyl. Creo que sobran las palabras.

Decimos que se trata de un suceso inédito porque no sólo se ha producido un grave accidente en una planta nuclear sino que esto está ocurriendo en cuatro reactores simultáneamente, además de otras múltiples contingencias en tantos otros reactores. El peor escenario que podría haberse supuesto, se ha producido.

Sin embargo, no es la primera vez que ocurre un accidente grave en la industria nuclear japonesa. A pesar de la imagen que se pueda tener de Japón como país altamente tecnificado, no ha estado exento de los contratiempos, accidentes serios, además de malos manejos de la información y la seguridad. Algo de eso ha sido reflejado en los medios a lo largo de las últimas semanas.

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Las críticas persistentes que se han hecho al plan nuclear japonés en buena medida han estado centradas en el alto riesgo sísmico de ese país, en particular la zona donde ha ocurrido los perores impactos del terremoto del 11 de marzo. Era un riesgo que Japón decidió correr a pesar de las advertencias concentrando allí plantas nucleares, almacenamiento de residuos altamente radiactivos, y hasta uno de los almacenes más grandes de plutonio.

La decisión de colocar esa cantidad de reactores e instalaciones en una zona de alto riesgo obedece a un superficial optimismo tecnológico que existía en torno a la energía nuclear durante la década de los 60. Esos reactores fueron diseñados y comenzaron a ser construidos a finales de esa década y comenzaron a funcionar durante los 70.

Es aún prematuro evaluar los verdaderos alcances de la tragedia. La liberación de sustancias radiactivas al ambiente ha sido importante, y esa es la razón por la cual Japón pasó de un nivel 4 a 5 y finalmente aceptó que se trata de un accidente de nivel 7, tal como muchos observadores internacional lo calificaban desde hace semanas. Nada nuevo, en cualquier lugar del mundo el sector nuclear es corporativo, cerrado, mentiroso. Miremos el triste papael de la Comisión nacional de Energía Atómica (CNEA) aquí en la Argentina, observemos la Autoridad Regulatoria Nuclear (ARN) organismo que debería estar en primera línea brindando información y ayudando a entender lo que sucede. Escondidos abajo de la mesa. Una verguenza. Esa es la actitud del organismo que está para resguardar al público de los riegos de la actividad nuclear en Argentina. No lo olviden.

imageQuiero hacer mención especial a los equipos de operarios que han estado y continúan trabajando tratando de estabilizar la situación procurando evitar que la situación se siga deteriorando en Fukushima. Desde hace semanas han estado expuestos a niveles de radiación altamente peligrosas. Su salud está severamente comprometida y corren riesgos altísimos. Por eso la prensa japonesa e internacional los llamas “héroes”. Claramente están sacrificando sus vidas procurando evitar mayores daños y que este gravísimo accidente no alcance las proporciones de Chernobyl.

Hasta ahora no se ha llegado a Chernobyl debido a las diferencias básicas en la ingeniería del los reactores ya que los japoneses cuentan con barreras más importantes del frágil e imprudente reactor ucraniano. También, a favor de la salud de las personas, en el caso japonés, mal que mal, se han tomado medidas de protección tempranas, las que estuvieron completamente ausentes en Chernobyl. Sanitariamente estamos ante una realidad notablemente diferente. Aunque las zonas aledañas a Fukushima se convertirán en una zona fantasma y deshabitada.

Sin duda este accidente revitalizará el debate acerca de la sensatez o no de continuar con los programas nucleares. Claramente no tiene sentido continuar con una energía cara, peligrosa y sucia cuando las alternativas energéticas existen. Sólo es necesario re-direccionar los apoyos gubernamentales de las corporaciones y lobbys de la industria nuclear a los sectores de la industria de energías renovables. Es una decisión política. La opinión pública puede ser decisiva en tal sentido.

Juan Carlos Villalonga

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Breve historia del logo antinuclear

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El logotipo con el Sol Sonriente se creó en abril de 1975, inspirado en un gran grupo de activistas y diseñado por Anne Lund y Søren Lisberg, que por entonces tenían 21 años y estaban en la organización OOA (Organisationen til Oplysning om Atomkraft = Organización de Información de la Energía Nuclear), que organizó la campaña danesa antinuclear. El logotipo está compuesto por una cara sonriente del sol rodeado de la frase ENERGÍA NUCLEAR? NO GRACIAS, o mensaje similar en cualquier otro idioma, cuyos colores son el amarillo, el rojo y el negro. La intención de este diseño, tal como dijo Anne Lund, era la de crear un logotipo amigable, de mentalidad abierta, que exprese con educación un “NO, Gracias” como respuesta. El logotipo promueve la comunicación por el diálogo.

La primera aparición pública del Sol Sonriente fue durante el festival del 1 de mayo de 1975 en Århus, la segunda ciudad más importante de Dinamarca. El logotipo se popularizó de inmediato. Además, grupos antinucleares de otros países solicitaron usarlo en sus respectivos idiomas. image

En pocos años el logotipo se tradujo del danés a más de 45 idiomas y lenguas regionales y se convirtió rápidamente en el símbolo más común del movimiento antinuclear en el mundo entero. Recientemente, en 2007, se añadió una versión en esloveno. El OOA organizó entre 1976-1982 impresiones masivas en varios idiomas, manteniendo, sin embargo, los precios de producción y de venta muy bajos para campañas de grupo. El Sol Sonriente se convirtió de este modo, en una herramienta importante y descentralizada para la recogida de fondos, al venderse como chapas, pegatinas, camisetas, etc. Los acuerdos de distribución y producción se hicieron con campañas en la mayoría de países de Europa Occidental y en Estados Unidos, Canadá, Australia y Japón. En 1978, los ingresos por las ventas del logotipo se usaron para iniciar, y financiar parcialmente, durante 10 años, el trabajo de WISE (Servicio Mundial de Información sobre la Energía), con base en Ámsterdam y con representantes en muchos países.

El OOA ha registrado la producción de 20 millones de Soles Sonrientes a la venta, sin mencionar el incalculable número de logotipos que han aparecido en vallas publicitarias, en folletos, revistas, periódicos, programas de prensa, páginas Web, etc. Desde 1978, algunos grupos extranjeros comenzaron a producir Soles Sonrientes por su cuenta. El OOA no pudo seguir la pista de estas actividades de modo que no tiene registrado el volumen de dicha producción.

image En 2000, el Museo Nacional Danés incluyó el Sol Sonriente en las colecciones del museo. Un dibujo original del Logo del Sol Sonriente y una colección de chapas y otros productos están actualmente en exposición. Al mismo tiempo, importantes museos e instituciones de Berlín, Ámsterdam y Londres tienen colecciones del Sol Sonriente. Un grupo de montañeros vascos colocaron una bandera con una versión vasca del Sol Sonriente en la cima del Monte Everest. En Århus, existe una pared de 12 metros de largo que está al aire libre con el Sol Sonriente pintado y todavía en muy buen estado.

En 1976, la OOA inscribió el logo en el Registro de Marcas de Dinamarca y en un cierto número de países. En diciembre de 2004, el logotipo se registró como Marca Registrada en el ámbito de los países de la Comunidad Europea. La protección de la marca registrada tiene el propósito de asegurar la integridad e independencia del logotipo reservando su uso al movimiento antinuclear mundial y permitiendo tomar las debidas acciones en caso de uso indebido, abuso y alteración del logotipo debido a intereses comerciales; contra el uso inverso en campañas pro-energía nuclear y contra partidos políticos que intenten tomar posesión del logotipo.

(tomado de “Ecologistas en Acción”, España)

La responsabilidad en el desastre

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Ulrich Beck es un sociólogo alemán que acuñó el concepto de “sociedad del riesgo”. Hoy el diario Clarín publica un artículo suyo en relación a Fukushima, una buena oportunidad para aproximarnos a Beck.

Juan Carlos Villalonga

La responsabilidad en el desastre

Clarín, 27/03/11

Por Ulrich Beck Sociologo Y Profesor De London School Of Economics

La sociedad del riesgo mundial se refiere a una época en la que las desventajas del progreso determinan cada vez más los conflictos sociales. Aquello que al principio no estaba a la vista de nadie, aquello que se negaba, es decir, la autopuesta en peligro, se convierte en movens de la política. Los peligros atómicos, el cambio climático, la crisis financiera, el 9/11, etcétera siguen en gran medida el guión de “La sociedad del riesgo”, escrita por mí hace 25 años, es decir, antes de la catástrofe de Chernobyl. A diferencia de los anteriores riesgos industriales, (1) no se los puede delimitar ni espacialmente, ni temporalmente, ni socialmente, (2) no se pueden imputar conforme a las reglas vigentes de causalidad, culpa, responsabilidad y (3) no se los puede compensar ni asegurar. Allí donde las compañías privadas de seguros niegan su protección –y eso sucede en el caso de la energía atómica, pero también en el de los nuevos desarrollos en la tecnología genética–, se cruza constantemente el límite entre los riesgos calculables y los peligros incalculables. Esos potenciales de peligro se producen en forma industrial, se exteriorizan en forma económica, se individualizan jurídicamente, se legitiman técnicamente y se minimizan políticamente. En otras palabras: el sistema de reglamentación para el control “racional” es a los potenciales de autodestrucción puestos en funcionamiento lo que un freno de bicicleta a un avión intercontinental. image

¿Pero acaso Fukushima no se diferencia de Chernobyl por el hecho de que el punto de partida para el actual horror en Japón fue una catástrofe natural? Después de todo, la destrucción no fue producto de una decisión humana sino del tsunami.

La categoría de “catástrofe natural” señala que no fue causada por seres humanos y, por ende, ellos tampoco tienen que responder por ella. Pero este punto de vista pertenece a un siglo pasado. El concepto es, de por sí, erróneo, porque la naturaleza no sabe de catástrofes sino, a lo sumo, de dramáticos procesos de transformación . Tales transformaciones como, por ejemplo, un tsunami o un terremoto, recién se convierten en catástrofes en el horizonte referencial de la civilización humana. La decisión de construir centrales nucleares en zonas sísmicas, no es un fenómeno de la naturaleza sino una decisión política que también se tiene que fundamentar en el ámbito político frente a las exigencias de seguridad por parte de los ciudadanos y que tiene que superar resistencias. No sólo en el caso de la construcción de centrales atómicas, sino también en la construcción de rascacielos, sí, en la planificación y en la arquitectura de una metrópoli como Tokio (pero también de otras ciudades), las así denominadas “catástrofes naturales” se transforman en riesgos que dependen de las decisiones, que –al menos en principio– se les podrían atribuir a quienes las toman. El actual caso japonés hace evidente la íntima conexión entre lo que le atribuimos a la naturaleza y lo que le atribuimos a la tecnología y al saber humano.

image Es irónico que lo que queda de esperanza en Japón se centre justamente en la intervención de las “fuerzas de seguridad”, que deben arrojar agua desde helicópteros para suplir a los sistemas de refrigeración. Hiroshima fue un espanto, el horror por antonomasia. Pero allí fue el enemigo el que golpeó. ¿Qué sucederá si el horror surge del mismo sector productivo de la sociedad? Entonces, quienes tienen el potencial para poner en peligro a la nación son los garantes del derecho, del orden, de la racionalidad, de la democracia. ¿Qué política industrial sobrevendría si ahora también falla esa esperanza última en el “viento” y realmente se contaminara Tokio? ¿Qué crisis de la tecnología, de la democracia, de la razón, de la sociedad? Muchos se lamentan de que las imágenes conmovedoras de Japón le infunden a la gente miedos falsos y estimulan una “pseudo-ciencia” de compasión. De esa manera se ignora, sin embargo, en una forma totalmente ingenua, la dinámica política inherente al potencial de autodestrucción minimizado del victorioso capitalismo industrial. El mito de la seguridad se apaga. Ante esta perspectiva, recuerden el intento de hacer un agujero en un barco para sacar el mar que se adentra en él.

¿Nuclear? No gracias

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No existe una central nuclear que esté exenta de riesgos. Tales riesgos están asociados a situaciones que entrañan un impacto significativo para la salud de las personas. Quien diga lo contrario, no dice la verdad.

Un reactor nuclear opera en un delicado equilibrio entre sus diferentes partes y con márgenes muy estrechos. Sólo es posible sostener su funcionamiento dentro de esos márgenes por medio de una compleja ingeniería y haciendo uso de múltiples sistemas de control y seguridad. 

Esta ingeniería de los reactores es extremadamente cara y es el precio a pagar en el intento de reducir los peligros de la energía nuclear. Sólo es posible disminuir esos riesgos ampliando las barreras ingenieriles pero esto representa mayores costos a los ya de por sí elevados costos de la energía nuclear.image

Los altísimos costos económicos, los riesgos en la operación en todo el ciclo del combustible nuclear (minería, fabricación de combustibles, operación de reactores, etc.), el legado de residuos altamente radiactivos, los que deben ser protegidos de por vida ya sea por sus riegos radiológicos como por su potencial desvío hacia fines militares o terroristas, todos estos elementos convierten en una verdadera insensatez producir electricidad por medio de reactores nucleares.

La Argentina no está exenta de los riesgos que entraña la actividad nuclear. Tanto las plantas de Embalse y Atucha I, así como otras instalaciones, registran en su historia incidentes que han afectado a operarios y pudieron derivar en accidentes mayores. Argentina, como sucede en el resto del mundo, no tiene ningún plan de gestión de los residuos altamente radiactivos que por ahora permanecen alojados en las propias plantas de Atucha y Embalse. Las minas de uranio han dejado un pasivo ambiental en diferentes puntos del país que aún no sido resuelto, a pesar de esto, ahora se quiere reactivar la minería de uranio, incluso para la exportación.

Lamentablemente, en estos últimos años se está reviviendo el viejo plan nuclear de la dictadura militar, un plan megalómano, que fue diseñado con una fuerte componente militarista: El gobierno nacional promete inaugurar Atucha II (después de 30 años en construcción) un proyecto de la primera junta militar iniciado en 1981; se han reabierto los laboratorios de enriquecimiento de uranio en Pilcaniyeu, el proyecto secreto que piloteaba el Contralmirante Castro Madero, a la cabeza de la CNEA; se pretende construir el reactor CAREM, un reactor que deriva del proyecto de construcción de un submarino nuclear y que, modificado, se ha intentado vender desde la década de los 80 como “mini-central” para el cual no existe mercado alguno. Todos proyectos que sólo existen mediante los enormes subsidios del estado que han implicado y siguen consumiendo.

Cada peso gastado en energía nuclear es un peso gastado en incrementar el riego nuclear, es un peso menos destinado al desarrollo de fuentes energéticas limpias, renovables y económicamente más eficientes. La opción nuclear, debemos decirlo con claridad, es una opción ideológica que nada tiene que ver la cuestión energética. Definitivamente, la energía nuclear no tiene ningún sentido como fuente energética. No tiene ningún sentido correr los riesgos que implica ni pagar el costo económico que representa.

Juan Carlos Villalonga

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¿Qué puede pasar en Japón?

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Esta nota fue escrita hace horas por Carlos Bravo, para el blog de Greenpeace España. Es oportuna para pegarle una leída en estas horas en que estamos atentos a lo que sucede en Japón. Cali

 

¿Qué puede conllevar el accidente nuclear en Japón?

Desde Greenpeace queremos, en primer lugar, expresar nuestras condolencias a los familiares de las víctimas del terrible terremoto que ha sufrido Japón. Estamos profundamente preocupados por las posibles consecuencias que el terremoto y el tsunami puedan tener sobre la seguridad de las instalaciones nucleares de Japón, así como de otras industrias peligrosas como las refinerías de petróleo o fábricas de productos químicos, y sobre sus potenciales efectos sobre la salud pública y el medio ambiente.

La situación en varias centrales nucleares, en especial en la de Fukushima-1, es muy preocupante. Catorce centrales nucleares situadas en la costa noreste de Honsu, la isla principal de Japón, están cerradas, probablemente muy dañadas todas ellas, como consecuencia del terremoto de ayer, de magnitud 8,9 en la escala de Richter. Las centrales japonesas, un país con requerimientos muy estrictos en cuanto a resistencia a riesgos sísmicos, estaban diseñadas para soportar como máximo terremotos de intensidad 7,5. La fuerza del que asoló ayer Japón es más de 10 veces superior.

 


Al iniciarse el terremoto, esas centrales nucleares fueron llevadas a situación de parada. Pero, y este es uno de los inconvenientes de una tecnología tan peligrosa como la nuclear, el riesgo de sufrir un accidente no acaba ahí, puesto que incluso con la central parada, el combustible nuclear sigue activo, sigue habiendo reacciones nucleares que, además de radiactividad, generan mucho calor. Aún en situación de parada, es necesario seguir refrigerando el núcleo del reactor, el combustible nuclear, durante muchas horas, para evitar un accidente nuclear.

Los sistemas de refrigeración de emergencia del núcleo del reactor funcionan con electricidad. Pero el terremoto afectó al suministro eléctrico externo de las centrales kbde Fukushima-1 y 2 (al menos, de estas dos), dejando a éstas sin aporte eléctrico, lo que se llama en la jerga nuclear un station black-out. En ese caso, tendrían que haber entrado en funcionamiento inmediatamente los generadores diesel de emergencia de la central. Pero estos, quizá por efecto del terremoto, no funcionaron. Entonces, empezó la cuenta atrás. image

El combustible nuclear, sin ser refrigerado activamente, empezó a sobrecalentarse. El agua en el interior de la vasija del reactor empezó a evaporarse, el vapor a aumentar la presión del interior de la vasija, el combustible a quedarse al descubierto, sin agua que lo enfriase. Es el principio de un LOCA (Loss of Coolant Accident), el accidente por pérdida de refrigerante, el peor que se puede dar en una central nuclear. De esos que, según la industria nuclear, nunca pueden ocurrir.

Las primeras horas son críticas, si no se actúa se puede llegar a una situación de fusión del núcleo (cuando las varillas metálicas que encierran las pastillas de combustible de uranio se derriten, funden y se mezcla todo con el altamente radiactivo combustible nuclear) y entonces se liberan en gran cantidad los isótopos radiactivos que hay en el combustible. Fukushima-1 es un reactor como el de Garoña (Burgos), con un pésimo sistema de contención.

Ante la ausencia de suministro eléctrico externo queda algún sistema de mucha menor capacidad que funciona con aporte de baterías propias. Con ello, por ejemplo, tratarían de usar el agua del condensador para refrigerar el núcleo, para ganar algo de tiempo, mientras esperaban generadores diesel que iban a traer los militares norteamericanos. Pero esa maniobra tiene un efecto muy limitado y no logró revertir la situación. Las horas pasaban y el combustible nuclear se estaba quedando al descubierto, al menos parcialmente, sin agua a su alrededor: la temida fusión del núcleo.

imageAl aumentar la temperatura, se incrementaba la presión en el interior de la vasija. Así los responsables de la central y, se supone, las autoridades niponas, decidieron abrir las válvulas de alivio y soltar vapor radiactivo al la atmósfera exterior para rebajar la presión, con idea de evitar un desastre mayor. De estos hechos ya no cabe duda. Hasta el Consejo de Seguridad Nuclear español (CSN) ha reconocido hoy que en la central nuclear de Fukushima-1 se forzó deliberadamente el escape a la atmósfera de gases contaminados radiactivamente procedentes del reactor. Los niveles de radiación en la zona se han elevado, según fuentes, entre 300 y 1.000 veces por encima de lo permitido. Hubo que ordenar evacuar a la población, 45.000 personas. 

Evidentemente, cualquier cantidad de radiación que se libere a la atmósfera pone en riesgo la salud de las personas de la zona, la salud pública y el medio ambiente. Lo que ya está claro es que en Fukushima-1 han fallado claramente las medidas de protección física diseñadas para aislar la radiactividad del medio ambiente. Además, una explosión en la mañana del sábado (hora española) en la central parece haber dañado seriamente la estructura de la contención secundaria y hay informaciones contradictorias sobre si alguna parte de la estructura se ha derrumbado.

La situación del reactor es crítica y aún no está controlada, a la hora de escribir estas líneas.
La magnitud final del escape radiactivo dependerá, por supuesto, de que se pueda estabilizar el reactor, y se pueda refrigerar el núcleo. En estos momentos, parece ya claro que el accidente podría ser ya de la gravedad del que ocurrió en Three Mile Island (EE.UU.) en 1979, el segundo más grave en la historia de la industria nuclear, sólo después de la catástrofe de Chernobyl.

A pesar de todas las incertidumbres causadas por la falta de información, causada en parte por el lógico caos que vive el país pero también por el secretismo nuclear de las autoridades, nos enfrentamos a un escenario en el que podría ocurrir una liberación ingente de radiactividad del reactor imageFukushima-1.

De momento, no se puede descartar que la situación pueda avanzar hacia una fusión total del núcleo de la central, como se dio en Chernobyl. Todo este proceso podría ir muy rápido o tardar varios días, dependiendo del estado del sistema de refrigeración. Las consecuencias de tal accidente sería tremendas, como ya se comprobó en el de Chernobyl.

De hecho, según parece el Gobierno japonés está ampliando la zona de evacuación hasta un diámetro de 40 kms. alrededor del complejo nuclear Fukushima Daiichi (donde está el reactor Fukushima-1 y otros 5 más), así como ha establecido una zona de exclusión de 20 km alrededor de la instalación Fukushima-Daini (con 4 reactores). Esto indica que hay una amenaza inmediata no sólo entorno al reactor Fukushima-1, sino que la situación no está del todo bajo control en los demás reactores y que podrían llegar a darse más accidentes allí también.

La incertidumbre sobre lo que está ocurriendo en las centrales nucleares de Japón impone cierta prudencia a la hora de plantearse escenarios futuros. Sin embargo, una conclusión es clara: los reactores nucleares son intrínsecamente peligrosos.

La industria nuclear nos dice que accidentes como este no pueden pasar con reactores modernos, pero hoy Japón está en medio de una crisis de consecuencias potencialmente devastadoras por culpa de la imageenergía nuclear. Las energías limpias de verdad, las renovables, no crean problemas de seguridad nacional. Y en caso de desastres naturales no añaden un problema más a una población ya fuertemente afectada por la fuerza de la naturaleza. La nuclear no se puede incluir, como muchos pretenden, en un modelo energético limpio, seguro y sostenible.

Carlos Bravo, Responsable de la Campaña de Energía Greenpeace